Seducido desmedidamente por las curvas de una linda jovencita, un individuo de cuarenta años confabuló de manera frenética un arriesgado y absurdo plan cuyo objetivo era saciar sus más bajos instintos sexuales en el cuerpo irresistible de aquella mujer.

Pero cual sería la sorpresa para este degenerado, que cuando estaba a punto de cumplir su cometido, un hecho inimaginable, pero de carácter prodigioso, le hizo renunciar a su malévola pretensión para dejarlo postrado para siempre en una locura irreversible.

Usted amable lector creerá que cuando hablamos de la sorpresa que apresó al hombre en cuestión, nos referimos a que al desnudar por completo a la jovencita  se habrá encontrado con un problema de desorientación sexual, pues estará muy equivocado, porque para el reportero que cubrió esta noticia, la mencionada, es una mujer de pies a cabeza, debido a que este testigo la vio en pleno vuelo y completamente desnuda, y no le queda la menor duda de que es un ser con todos los dotes que la naturaleza le puede conferir a una persona del sexo femenino.

El hecho fue así:

Armando Chicuenco, hombre de cuarenta años y soltero por circunstancias que él solo propició, se dedicaba a la mecánica aproximadamente desde la mitad de su vida, contaba con un taller ubicado en la misma colonia donde sucedieron los hechos aquí narrados. Era un bebedor empedernido, y según vecinos, un libinidoso consumado, pues tenía la mala costumbre de hacerse acompañar los fines de semana por prostitutas indeseables, sacadas de lugares abyectos y las hacía entrar en su negocio, para hacer lo que todos sabemos que se hace con una mujer que se alquila. También los vecinos platican que Chicuenco cuando no se encontraba con una prostituta, tenía la costumbre, al término de la jornada laboral, de plantarse en la entrada de su taller y contemplar a cuanta mujer pasaba por la calle. No decía nada, según cuentan, solo se dignaba a mirarles las partes por las cuales cualquier hombre suspiraría; pero la manera en la que lo hacía, resultaba molesto para las damas que tenían que pasar frente al taller 

—Nos pegaba unos ojotes, y siempre miraba hacia abajo de la espalda. Varias veces tuve que ponerme la bolsa del mandado ahí, por pena y por miedo a que se levantara de su asiento y quisiera cometer algo más canijo que mirar —nos platica una víctima de esas tardes, y le pide al reportero que la haga quedarse en el anonimato—. Es que mi marido nunca supo de esto y si se entera ahora por el periódico, me anda medio matando porque siempre ha sido un mal pensado, y una vez llegó a preguntarme por qué paso tantas veces por el taller de Chicuenco —concluye la entrevistada. 

Fue en esas tardes de contemplación, cuando Armando Chicuenco se estremeció de más al notar la presencia de una jovencita que no rebasaba los diecisiete años. La siguió con la mirada y ubicó a la mujer como la hija de una vecina anodina, desaliñada y abandonada por el marido, quien en varias ocasiones lo interpeló de manera grosera cuando advirtió que Chicuenco le dedicaba una mirada perversa en aquellas tardes de lujuria.

El hombre quedó anonadado ante la belleza de esta señorita de nombre Otilia García, y que a partir de ahora usted amable lector escuchará hablar mucho de ella, ya que el plan que pretendía Chicuenco hizo que saliera a la luz el secreto que Otilia guardaba y que ahora forma parte del interés general. Los líderes de opinión y los expertos en el tema no han parado de hacer declaraciones desde que supo esta fantástica noticia. En el momento que se escribe esta nota, estos personajes están enfrascados en un debate para definir la esencia del milagro que más adelante describiremos. 

Al quedar embelesado por la belleza que irradiaba esta mujer misteriosa que pasó frente a su taller mecánico, Armando Chicuenco cuenta que se le vinieron a la mente los piropos más vulgares para ser pronunciados a voz viva, sin embargo afirmó, de manera categórica, que lo que salió de sus vísceras fueron palabras extrañas que, un hombre de vil naturaleza como este señor, jamás pronunciaría. Chicuenco, a petición expresa de este reportero y antes de que este hombre fuera trasladado a un hospital psiquiátrico, pronunció las palabras que se le agolparon en la cabeza aquella primera vez que se encontró con Otilia García y que, dice, pronunció en silencio mientras veía a la mujer alejarse tras doblar una esquina próxima.

He aquí la lista de algunas palabras que susurró el hombre:

Mariposa, corazón, cielo, azul, río, sonrisa, luciérnaga, sol, rayos, pestañas, pie, cariño, elefante, labios, palpitación, plumas, capullo, alegría, nariz, rodilla, planeta, fuego, respiración, lengua, pájaro, arterias, suspiro, aliento, amor, luna, brillo, vida, ballena y sueño.

El hombre, que continúa con su testimonio, se sobresaltó ante las barbaridades que estaba diciendo. Dice que aquellas palabras se le hicieron demasiado cursis; “como de maricón”, concluye. A partir de ese encuentro, Chicuenco no dejó de pensar en Otilia García y que su ritual de postrarse todas las tardes a las afueras de su taller tenía por fin un objetivo valioso: contemplar meticulosamente aquel ser que, sin lugar a dudas, venía definitivamente de otro planeta.

Se supo de algunas mujeres, víctimas de los ojos perversos de Chicuenco, que notaron un cambio radical en el hombre que hasta hace unos días las desvestía con la mirada.

—Nos dimos cuenta, que el señor dejó de llevar prostitutas a su taller y que había perdido un poco de la lujuria en su rostro —es la voz de otra mujer acostumbrada a las contemplaciones perversas de Chicuenco—. Lo veíamos hasta bañado y bien arreglado, como si esperara a alguien; se veía muy inquieto; se alcanzaba a notar que había dejado la bebida. Ahora que se supo del milagro de Otilia García y la atrocidad que se le iba a cometer, creo que el señor Armando tendrá mucho tiempo en el manicomio para arrepentirse ante Dios de sus perversiones—, concluye nuestra fuente.

Las vecinas por supuesto notaron un cambio radical en Chicuenco, pero por su mente no apareció la plena afirmación de que aquel hombre bárbaro y denigrante estaba enamorado. Para ese momento ya se vislumbraba en la mente de este señor la idea de poseer a como diera lugar aquel cuerpo surgido de una música celestial, y que hacía de Otilia García un ser angelical que conquistaría muchos corazones tan solo con su andar de mujer inocente pero perturbadora.

Hubo días en que Chicuenco vigiló la calle hasta muy entrada la noche, y al advertir que el objeto de su nuevo deseo no aparecía, entraba en un trance indescriptible que hacía más grande su obsesión, misma que llegó a una situación extrema y de graves consecuencias, que ahora tienen trastornado a Armando Chicuenco y a un paso de que el resto de sus días los viva en el interior de un manicomio; y lo que es peor, que su existencia se verá alterada definitivamente por el virus de la locura que ahora se propaga por los vericuetos de su mente.

Fueron muchos días en que Otilia no cruzó la acera que está frente al taller. Chicuenco se encontraba en una situación emocional al límite, su obsesión se había convertido en una inmarcesible enfermedad que lo mantenía despierto y desconcentrado de sus obligaciones laborales. Era tal su frenesí que, sin esperar otro día la ausencia de la jovencita, investigó el domicilio de Otilia García, se plantó frente a su casa, tocó a la puerta y en cuanto vio que ella abrió la puerta se abalanzó con ímpetu hacia su frágil cuerpo y comenzó a arrancarle sus ropas.

La joven no pudo defenderse al principio, tal vez sabía que el hombre se encontraría ante una sorpresa que lo dejaría atónito. Y así fue. Chicuenco se quedó estupefacto cuando al desnudar por completo a la mujer se dio cuenta de que en la espalda de ella nacían dos enormes y hermosas alas de un blanco enceguecedor, que se extendieron por todo el ámbito. Al primer aleteo llenó de galaxias divinas el aire y mandó a una locura irreversible al hombre que intentó arrebatarle la virginidad a este ser lleno de virtudes inmaculadas.

El vecindario advirtió la llegada frenética de un viento matizado de encanto que hizo ondear todo objeto que se encontró en su oleada cósmica. Naturalmente los vecinos encontraron mucha rareza en aquella corriente que inquietaba los objetos del hogar y les imprimía demasiada elocuencia. Al salir a la calle para identificar la dirección de este singular viento, se dieron cuenta que el rastro del ímpetu emergía del hogar de Otilia García. Cuál sería la sorpresa de la gente, que al agolparse ante las puertas de este aposento, una oleada verdaderamente iracunda los hizo tirarse al piso y alcanzaron a vislumbrar que Otilia García emprendía un vuelo con sus enormes y ebúrneas alas de ángel hacia el azul del cielo. La enorme cantidad de testigos entrevistados cuentan que la mujer estuvo planeando, completamente desnuda, en el celeste ámbito por muchas horas.

La madre anodina, quien en ese momento había salido a realizar unas compras vio con rareza a su regreso que enfrente de su propiedad se había montado un inédito carnaval. Decenas de personas contemplaban el firmamento, la madre pudo atisbar que era un ser alado al que tanto interés le ponían la concurrencia. Esta mujer cuenta que estuvo a punto de desvanecerse en cuanto reconoció que el ser alado no era un pajarraco como creyó en un principio.

—Alcancé a reconocer los rasgos de mi niña allá en el cielo —cuenta la dama anodina—, por el momento pensé que era una alucinación, pero cuando pude salir de mi asombro ahora sí reconocí los detalles peculiares de mi hija Otilia. Y mi turbación por poco me hace sufrir un desmayo cuando caí en la cuenta de que mi hija estaba volando completamente desnuda con dos hermosas alas de ángel que le habían crecido en la espalda.  

Nuestro reportero, en el momento en que un soponcio estaba a punto de precipitar a la madre al piso, ya se encontraba realizando la cobertura de esta magnífica noticia; fue aquí cuando nuestro colaborador alcanzó a percibir la desnudez de la mujer alada y no le quedó la menor duda del paradisiaco encanto de Otilia García. Al comenzar a investigar el origen de este asombroso hecho, se encontró con el arrebato de Armando Chicuenco que desencadenó el origen de este fenómeno sin precedentes.

Al hombre lo encontraron en el interior del hogar profiriendo incesantes palabras que no tenían conexión unas con otras: mariposa, corazón, cielo, azul, río, sonrisa, luciérnaga, sol, rayos, pestañas, pie, cariño, elefante, labios, palpitación… Nuestro reportero aprovechó un momento de lucidez del violador y confesó su crimen. Ante el irrefutable miedo de encontrarse frente a un agravio de irreconciliables consecuencias para su alma y al saber que la mujer que le despertó un lívido irrefrenable podría ser una enviada de Dios, Armando Chicuenco cayó en un espasmo incontrolable y comenzó a pedir perdón por todos los pecados cometidos en sus cuarenta años de vida. Muchas mujeres, que fueron víctimas de sus arrebatados ojos lascivos se regocijaron ante el acto de contrición vehemente en el que cayó aquel hombre de vida disoluta. La venganza para ellas se había consumado y veían al hombre salaz convertido en un tembloroso corderito, que lleno de incertidumbre avecinaba la improbable salvación de su espíritu.

Chicuenco contó su perverso plan para poseer a aquella mujer que ahora planeaba en el cielo. Rememoró el primer encuentro frente a su taller mecánico que lo estremeció; repasó las interminables tardes en que se sentaba frente a su fachada a esperar a que la jovencita pasara en la acera de enfrente y que pudiera admirarla; relató su obsesión de deleitarse con aquella figura y las palabras inconexas que se le venían a la mente y que lo dejaban desconcertado; y, antes de que cayera en un marasmo mental, describió su nefasta intención de violar a Otilia García y la enorme sorpresa que al final frustraron definitivamente sus malévolas pretensiones.

La policía encontró al violador en un estado crítico, afortunadamente la capacidad del reportero para estar en el momento indicado, le había dado la oportunidad de obtener las declaraciones coherentes de un hombre que ahora siente como disminuye para siempre la razón de su cabeza. Ante esta situación los gendarmes actuaron de manera correcta y, sin aspavientos, remitieron a la delegación al infractor Armando Chicuenco autodenunciado por el delito de intento de violación, sin embargo, el oficial encargado del arresto afirmó que el hombre se encuentra en una total e incurable insania que, en términos figurados, será la celda ideal para un hombre que merece como castigo la cadena perpetua.

—Su locura es lo más punible que puede tener este aberrante hombre—, dice el policía entrevistado y cierra la puerta de la patrulla donde Chicuenco farfulla palabras sin sentido: plumas, capullo, alegría, nariz, rodilla, planeta, fuego, respiración, lengua, pájaro, arterias, suspiro, aliento, amor, luna, brillo, vida, ballena y sueño. Así hasta el infinito.

El milagro llamado Otilia García voló durante muchas horas. Su madre intentó persuadirla para que aterrizara y al menos pudiera cubrir su desnudez para apaciguar las miradas masculinas, que atontados levantaban el cuello hacia el cielo para presenciar el milagro que parecía eterno. La sensación de que el pudor no invadía a Otilia se hizo presente entre los espectadores; la jovencita tardó en descender. Fue hasta la madrugada que cansada de planear aterrizó en el techo de su hogar. Al parecer, esperaba desde las alturas que la gente que allá abajo se amontonaba fuera disminuyendo. Cantidad de medios de comunicación esperaban el aterrizaje para tener una exclusiva con este ser. Sólo ellos permanecían en la naciente madrugada. Los lentes de las cámaras apuntaban hacia el ángel, los flashes fotográficos se hicieron persistentes y en la noche parecían haces de luz que emulaban el resplandor de las estrellas; los reporteros continuaban grabando declaraciones de los curiosos que a esas alturas de la noche se aventuraban hasta este lugar.

Fue uno de estos curiosos que alertó a todos los reunidos que Otilia García preparaba un aterrizaje. La vieron rodear varias veces el centro de la casa, como sondeando el terreno para un caída ensayada, ella dudó porque cuando a punto estuvo de poner los pies en su jardín vio que los reporteros se apretujaron para ganar la nota y ella tuvo que elevarse otra vez. Pasaron varios minutos y repitió la misma estrategia de descenso, sólo que ahora, y de manera inteligente, aterrizó en el techo de su hogar. Hubo un tremendo caos entre los camarógrafos y los fotógrafos que buscaban la mejor toma. Otilia García encogió sus azucaradas alas de ángel y se coló por una ventana superior. Hasta el momento del cierre de esta edición, la mujer no había salido a brindar declaraciones, se encerró en su hogar junto con su madre. No obstante, al acercarse a la puerta, uno puede advertir el sonido de las alas desplegarse y el aire celestial que sale por los resquicios y que refrescan a todos los que esperamos acá afuera en una madrugada inédita para la historia de la humanidad.  

Por José Alonso Morales Colín