EN DEFENSA DEL AGUADOR

«La resurrección con un chorro de agua»

La panacea en el futbol es el agua, si el vital líquido es insustituible en la vida del ser humano ¿cómo no va a serlo dentro de una cancha? El protagonismo siempre se lo llevan los jugadores y el balón, el árbitro y los entrenadores, los aficionados y el gol; el agua queda relegada, su presencia se advierte en los vestigios que yacen en el césped después del juego: las bolsitas que los futbolistas chupan y tiran en cualquier lado, las botellas que el jugador frustrado patea luego de ser sustituido; el agua en el balompié es como aquel escritor que desea ser reconocido nada más por su obra y permanecer en el anonimato, el vital líquido tiene mucho de este ejemplo, tal vez por eso su cualidad es incolora, invisible, pero no por eso pierde importancia cuando aparece en algún momento dentro de los 90 minutos. Este líquido es la perfecta ambrosía de los futbolistas que se revitalizan tomando litros y litros y se enjuagan el cabello para mitigar el cansancio. Cuando un defensa inescrupuloso arremete contra el tobillo del contrario, un chorro de agua es la mejor solución, el futbolista que yace en el césped abatido por aquella entrada, es fiel testigo de las cualidades milagrosas que el agua adopta al contacto, porque en el futbol este elemento es un bálsamo que parece extraído de alguna pila sacra a la espera de revelar sus prodigios y que es capaz de hacer añicos a las pomadas y al cloruro de etilo, al linimento y al diclofenaco, al Gatorade y al ibuprofeno. No obstante, también existen los escépticos que dudan de sus cualidades providenciales, eso se advierte cuando el marcador es uno a cero en el tiempo de compensación y el futbolista-histrión, cuyo equipo tiene el triunfo a escasos minutos, se revuelca en estertores incontrolables ante una falta que nadie vio en el estadio, el árbitro permite la entrada de las asistencias y la camilla, los médicos se llevan al jugador y, ya afuera de la cancha, nada más con rociarle una pequeña porción de agua, ¡el milagro se ha consumado! ¡Lázaro de nuevo en pie y listo para volver a la cancha! Si Jesucristo también tuvo sus detractores cuando llevó a cabo aquella bíblica resurrección, en el estadio los emulan cuando la fanaticada, a punto de ser derrotada por el gol en contra, comprende que el jugador-histrión realizó un ardid para consumir el tiempo y reacciona indignada con improperios; no obstante, el agua ya cumplió su papel de panacea divina. Si la historia ha nombrado a salvadores de la humanidad de diferentes maneras, en el futbol a nuestro salvador se le llama simplemente “aguador”. Personaje desdeñado en el organigrama del club, el aguador cumple una función vital que no es reconocida por los aficionados. Él no recibe loas, ni cánticos entrañables; él no salta para el cabezazo oportuno ni es abrazado por el equipo, su papel es la de un simple emisario de la hidratación. ¿Qué es la hidratación en un partido de futbol? Lo es todo. Allá lo vemos, pendiente de que el mediocampista le haga la señal inequívoca con la mano para que salte desde la banca y haga efectivo su rol lanzando las bolsitas o la botella. Si el entrenador es quien revisa la táctica y la alineación con seriedad, siempre me he preguntado ¿cuántas bolsitas hay que llenar con seriedad para un partido de futbol? ¿Cuántos litros se deben considerar también con seriedad para cada encuentro? Solo los aguadores lo saben, sin embargo, lo llevan a la perfección porque eso sí, agua no debe faltar, incluso para el contrario, porque el aguador no es egoísta, si el rival lo solicita aquél se lo brinda sin miramientos; en el futbol, el agua es como el pan: no se le niega a nadie.

Por José Alonso Morales Colín